El Instante de la Gloria: Mundial Francia 1938

Disputado bajo las sombrías amenazas de la inminente Segunda Guerra Mundial y un clima de extrema tensión sociopolítica en Europa. Francia albergó la tercera edición de la Copa del Mundo en medio de protestas internacionales por la designación de un segundo torneo consecutivo en territorio europeo. Austria, que se había clasificado brillantemente en las eliminatorias, fue disuelta e invadida tras el Anschluss (anexión forzada a la Alemania nazi), lo que obligó a varios de sus mejores futbolistas a integrar la selección alemana bajo severas presiones estatales. Las selecciones sudamericanas volvieron a estar ausentes casi en su totalidad como protesta por la repetición de sede europea, a excepción de Brasil y Cuba. El certamen mantuvo el formato de eliminación directa pura desde octavos de final. Alemania sufrió una de las mayores sorpresas del torneo al caer eliminada prematuramente en octavos de final ante Suiza tras disputar un encuentro de desempate. Por su parte, Brasil encandiló al público francés con el talento magistral de Leônidas da Silva, apodado 'El Diamante Negro'. En un encuentro memorable de octavos de final en Estrasburgo sobre un campo convertido en un lodazal, Brasil venció 6-5 a Polonia en la prórroga, con cuatro goles del polaco Ernest Willimowski y tres de Leônidas (quien intentó jugar descalzo por la densidad del fango hasta que el colegiado se lo prohibió). En semifinales, el director técnico brasileño Adhemar Pimenta cometió el histórico error táctico de dejar en el banquillo a Leônidas para reservarlo para la final. Italia aprovechó la ausencia del astro sudamericano y se impuso 2-1 con un gol decisivo de penal de Giuseppe Meazza (quien pateó sosteniéndose el pantalón con una mano tras romperse el elástico del uniforme justo antes del disparo). La gran final se celebró el 19 de junio de 1938 en el Stade Olympique de Colombes en París ante 45.000 espectadores. La Italia de Vittorio Pozzo demonstrated una solidez táctica y efectividad demoledora al derrotar 4-2 a la talentosa Hungría dirigida por Alfréd Schaffer. Con un doblete de Gino Colaussi y otro doblete de Silvio Piola, Italia revalidó su corona mundial y se convirtió en la primera selección en lograr un bicampeonato consecutivo. Vittorio Pozzo se consagró como el único director técnico en la historia en levantar dos Copas del Mundo.