El Mundial del espectáculo masivo y el quiebre de récords. Celebrado en colosos deportivos de Estados Unidos colmados con más de 3.5 millones de espectadores, el torneo ofreció momentos de altísimo dramatismo y belleza. Diego Armando Maradona, considerado por muchos como el mejor jugador en la historia de los Mundiales, llegó tras una preparación física heroica y deslumbró al mundo entero marcando un golazo magistral de zurda al ángulo ante Grecia, seguido de su célebre y apasionada celebración de cara a la cámara (su último gol en Copas del Mundo).
Sin embargo, el torneo quedó sacudido por la profunda polémica en torno al positivo por dopaje de Maradona tras el partido ante Nigeria. El caso desató una enorme controversia internacional: Diego dio positivo por derivados de la efedrina contenidos en un suplemento dietario de venta libre (Ripped Fuel) adquirido accidentalmente en EE. UU., en lugar del producto usado en Argentina. La severidad y prisa de la sanción impuesta por la FIFA levantó amargas acusaciones sobre falta de flexibilidad e intencionalidad, conmocionando a millones de fanáticos y truncando a una selección argentina candidata que practicaba un fútbol arrollador ('Me cortaron las piernas', sentenció el astro).
El certamen continuó con hitos inolvidables como el trágico autogol de Andrés Escobar con Colombia y la gesta heroica de la Bulgaria de Hristo Stoichkov llegando a semifinales. En la gran final en el Rose Bowl de Pasadena entre Brasil e Italia, tras un tenso 0-0 en 120 minutos, el mítico penal desviado por Roberto Baggio selló el tetracampeonato de la 'Canarinha' comandada por la dupla Romário-Bebeto.