Conocido en la historia de la nación anfitriona como 'Ein Sommermärchen' (Un Cuento de Verano). Alemania albergó la decimoctava edición de la Copa del Mundo en un torneo caracterizado por una organización perfecta, estadios vanguardistas y la creación masiva de las célebres 'Fan Fests' que reunieron a millones de aficionados de todo el planeta en plazas públicas.
La Selección de Italia, dirigida por Marcello Lippi, logró abstraerse del destructivo escándalo de corrupción de apuestas y arbitrajes en el fútbol local ('Calciopoli') para edificar una campaña defensiva y táctica antológica. Comandada por el capitán Fabio Cannavaro en un nivel superlativo y la solidez de Gianluigi Buffon bajo el arco, Italia recibió apenas dos goles en todo el torneo (uno en propia puerta y uno de penal).
El torneo dejó duelos de altísima intensidad dramática, como la 'Batalla de Núremberg' en octavos entre Portugal y Países Bajos (marcado por un récord de 16 tarjetas amarillas y 4 rojas), el inolvidable golazo de volea de Maxi Rodríguez para Argentina ante México en tiempo extra, y la semifinal entre Alemania e Italia en Dortmund. En un choque de 120 minutos repleto de ida y vuelta, Italia se impuso 2-0 en los últimos instantes de la prórroga con goles agónicos de Fabio Grosso al 119' y Alessandro Del Piero al 121'.
Por su parte, la Selección de Francia avanzó a la final impulsada por el genio renovado de Zinedine Zidane, quien ofreció ante Brasil en cuartos de final una de las exhibiciones individuales más bellas de la historia del fútbol.
La gran final se disputó el 9 de julio de 2006 en el Olympiastadion de Berlín ante 69.000 espectadores entre Italia y Francia. Zidane adelantó a Francia en el minuto 7 cobrando un penal estilo 'panenka' que dio en el travesaño y botó dentro. Marco Materazzi empató de cabeza para Italia en el minuto 19.
En el tiempo extra ocurrió el episodio más dramático y comentado de la historia moderna de los Mundiales: en el minuto 110, tras un cruce de palabras, Zinedine Zidane le propinó un violentísimo cabezazo en el pecho a Materazzi, recibiendo la tarjeta roja directa en el último partido de su carrera profesional. En la tanda de penales, Italia ejecutó con una precisión milimétrica sus cinco cobros, siendo Fabio Grosso el encargado de sellar el 5-3 definitivo para otorgarle a Italia su cuarta estrella mundial.