La primera Copa del Mundo disputada en el continente asiático y la primera coorganizada de forma conjunta por dos naciones. Corea del Sur y Japón albergaron la decimoséptima edición de la Copa del Mundo en un torneo repleto de contrastes, donde convivieron el bochorno de graves polémicas arbitrales con la gesta emotiva de la redención absoluta del astro brasileño Ronaldo Nazário.
El certamen comenzó con sorpresas sacudidoras: la campeona defensora Francia cayó eliminada en fase de grupos sin anotar un solo gol, mientras que potencias como Argentina y Portugal también quedaron apeadas prematuramente. Senegal sorprendió al mundo venciendo 1-0 a Francia en el partido inaugural y alcanzando los cuartos de final en su debut planetario.
Sin embargo, el torneo quedó fuertemente empañado por los escándalos arbitrales que favorecieron abiertamente a la coanfitriona Corea del Sur en su camino hasta las semifinales. En octavos de final ante Italia (arbitrado por el ecuatoriano Byron Moreno), se anularon goles legítimos italianos, se expulsó injustamente a Francesco Totti y se obviaron faltas extremas. En cuartos de final ante España (arbitrado por el egipcio Gamal Al-Ghandour), se anularon dos goles absolutamente legales a la Selección Española, incluyendo un centro de Joaquín que jamás salió de la línea de fondo.
Frente a estas polémicas, la nota de luz futbolística la puso la Selección de Brasil dirigida por Luiz Felipe Scolari. Impulsada por la delantera del '3R' (Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho), Brasil desplegó un fútbol de ataque demoledor. Cuatro años después de su colapso en París y tras superar dos devastadoras roturas de ligamento cruzado en su rodilla que amenazaron su carrera, Ronaldo Nazário firmó una de las historias de superación más hermosas del deporte.
La gran final se disputó el 30 de junio de 2002 en el Estadio Internacional de Yokohama ante 69.000 espectadores entre Brasil y Alemania (que contaba con Oliver Kahn, premiado con el Balón de Oro del certamen). Con el peinado estrafalario en forma de flequillo que adoptó para distraer a la prensa sobre sus molestias físicas, Ronaldo Nazário desató un doblete histórico en la segunda mitad (aprovechando un rechace de Kahn al 67' y definiendo raso al 79' tras una magistral pantalla de Rivaldo) para sellar el 2-0 definitivo. Brasil conquistó su histórico Pentacampeonato mundial con 7 victorias en 7 partidos.