El primer Mundial expandido a 24 selecciones fue un banquete futbolístico inolvidable. España albergó la duodécima edición de la Copa del Mundo en un torneo que desplegó estadios modernos a lo largo de 14 ciudades y dejó partidos grabados a fuego en la memoria colectiva del deporte, como la exhibición de Sarrià y la salvaje semifinal de Sevilla.
La Selección de Brasil, dirigida por Telê Santana, enamoró al planeta entero con un fútbol de toque, virtuosismo y belleza pura articulado por figuras eternas como Zico, Sócrates, Falcão, Junior y Toninho Cerezo. Sin embargo, la gran historia de redención del torneo la protagonizó la Selección de Italia. Tras avanzar a duras penas en la primera fase con tres empates opacos y envuelta en feroces críticas de la prensa de su país por el caso de apuestas 'Totonero', la 'Azzurra' de Marcello Lippi resurgió de forma prodigiosa.
En la segunda fase cuadrangular disputada en el Estadio de Sarrià de Barcelona, Italia superó 2-1 a la Argentina de un joven Diego Maradona y se midió a Brasil en uno de los partidos más legendarios de todos los tiempos. El delantero italiano Paolo Rossi, que llevaba casi tres años sin marcar un gol oficial tras cumplir su sanción, desató un hat-trick inolvidable para vencer 3-2 a la deslumbrante Seleção brasileña en un choque épico.
En las semifinales, Rossi volvió a ser decisivo anotando un doblete ante Polonia (2-0). Por su parte, Alemania Federal y Francia disputaron en el Ramón Sánchez-Pizjuán de Sevilla la semifinal más dramática de la historia: tras empatar 3-3 en los 120 minutos (con una violenta entrada del guardameta alemán Harald Schumacher sobre Patrick Battiston que lo dejó inconsciente), Alemania se impuso en la primera definición por penales en la historia de los Mundiales.
La gran final se celebró el 11 de julio de 1982 en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid ante 90.000 espectadores y la presencia del Rey Juan Carlos I y del Presidente italiano Sandro Pertini. Tras fallar Antonio Cabrini un penal en el primer tiempo, Italia desató una tormenta ofensiva en la segunda mitad: Paolo Rossi abrió la cuenta de cabeza al minuto 57, Marco Tardelli anotó el 2-0 al minuto 69 desencadenando su célebre y apasionado grito de gol (la imagen más icónica del fútbol italiano), y Alessandro Altobelli firmó el 3-0. Paul Breitner descontó para los germanos. Dino Zoff, a sus 40 años y 133 días, levantó el trofeo como capitán, otorgándole a Italia su tercera estrella mundial.