Considerado por la abrumadora mayoría de los historiadores, periodistas y aficionados como la edición más hermosa, deslumbrante y perfecta de todos los tiempos. México albergó la novena Copa del Mundo en un torneo que marcó una época al ser la primera edición transmitida por televisión vía satélite a todo color a nivel global. Los encuentros se disputaron bajo el intenso calor de las tardes mexicanas y la altitud de sedes como el Estadio Azteca y el Jalisco de Guadalajara.
El certamen presenció la consagración definitiva de la Selección de Brasil de 1970, dirigida por Mário Zagallo. La Canarinha alineó en un mismo equipo a cinco mediapuntas y dieces naturales de sus respectivos clubes: Pelé, Gérson, Jairzinho, Tostão y Mário Rivelino, articulando una sinfonía perfecta de fútbol de toque, improvisación, libertad y potencia atlética.
En la fase de grupos, Brasil superó a la campeona defensora Inglaterra 1-0 en un partido legendario disputado en Guadalajara, inmortalizado por 'La Atajada del Siglo' donde el portero inglés Gordon Banks sacó de forma milagrosa un certero remate de cabeza picado de Pelé. En ese mismo torneo, Pelé intentó dos jugadas de fantasía que no terminaron en gol pero quedaron grabadas en la memoria colectiva: el disparo desde mitad de campo frente a Checoslovaquia y el amague inolvidable sin tocar el balón ante el portero uruguayo Ladislao Mazurkiewicz en semifinales.
Las semifinales ofrecieron partidos épicos: Brasil superó a Uruguay 3-1 con una exhibición de fútbol colectivo en Guadalajara, mientras que Italia y Alemania Federal disputaron en el Estadio Azteca el denominado 'Partido del Siglo'. Tras empatar 1-1 en los 90 minutos, ambos equipos anotaron cinco goles en un tiempo extra dramático donde Franz Beckenbauer jugó con el brazo enyesado y en cabestrillo tras sufrir un zafamiento de hombro; Italia terminó imponiéndose 4-3 con gol decisivo de Gianni Rivera.
La gran final se celebró el 21 de junio de 1970 en el majestuoso Estadio Azteca ante 107.000 espectadores. Brasil ofreció una lección magistral derrotando 4-1 a Italia. Pelé abrió la cuenta al minuto 18 elevándose de forma majestuosa en el aire para rematar de cabeza. Tras el empate italiano por medio de Roberto Boninsegna, Gérson sacó un zurdazo imparable al minuto 66, Jairzinho anotó el tercero (completando la hazaña irrepetible de marcar en todos los partidos del torneo) y el capitán Carlos Alberto selló el cuarto gol tras una combinación colectiva perfecta de ocho pases al toque. Pelé conquistó su tercera Copa del Mundo y Brasil se adjudicó la posesión definitiva del Trofeo Jules Rimet.