Tras doce penosos años de interrupción obligada por la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la Copa del Mundo regresó en suelo sudamericano. Brasil asumió la organización de la cuarta edición del certamen, erigiendo para la ocasión el colosal Estadio Maracaná de Río de Janeiro, el templo futbolístico más imponente de la época con capacidad para casi 200.000 espectadores. El torneo no tuvo una final con formato de eliminación directa, sino que se diseñó un cuadrangular final entre los cuatro ganadores de grupo (Brasil, Uruguay, España y Suecia) para determinar al campeón mundial.
La Selección de Brasil, dirigida por Flávio Costa y liderada por figuras excelsas como Ademir de Menezes, Zizinho y Jair, desató una euforia nacional arrolladora en la fase final. La Canarinha desmanteló 7-1 a Suecia y aplastó 6-1 a España con un fútbol ofensivo deslumbrante que fascinó a la prensa internacional. Toda la nación brasileña, junto a periódicos e instituciones oficiales, daba por sentenciada la coronación de su selección, llegando incluso a imprimir portadas conmemorativas antes del partido decisivo.
Por su parte, la Selección de Uruguay, dirigida por Juan López y capitaneada por el mítico mariscal Obdulio Varela, llegó al partido final tras empatar 2-2 con España y superar ajustadamente 3-2 a Suecia. El 16 de julio de 1950 se disputó el encuentro definitivo en un Estadio Maracaná abarrotado por una multitud estimada en más de 199.000 espectadores. A Brasil le bastaba un simple empate para coronarse campeón del mundo.
Tras un primer tiempo parejo y sin goles, Friaça desató el delirio brasileño en el minuto 47 adelantando al equipo local 1-0. Lejos de amedrentarse, el capitán uruguayo Obdulio Varela retiró el balón de la red y caminó lentamente hacia el centro del campo para discutir con el árbitro inglés George Reader, enfriando magistralmente el fervor del estadio. La famosa frase de Obdulio en el vestuario resonó con fuerza: 'Los de afuera son de palo'.
Uruguay reaccionó con una garra legendaria. En el minuto 66, Alcides Ghiggia desbordó por la banda derecha y envió un centro preciso para que Pepe Schiaffino rematara al ángulo igualando 1-1. En el minuto 79 ocurrió el fenómeno deportivo más impactante del siglo XX: Ghiggia encaró nuevamente al lateral Bigode, fingió el centro y sacó un disparo bajo y potente al primer palo sorprendiendo al portero Barbosa para sellar el 2-1 definitivo. El gigantesco Maracaná quedó sumido en un silencio estremecedor e inolvidable; Uruguay conquistó su segunda Copa del Mundo produciendo el histórico 'Maracanazo'.