Nació el mito supremo del fútbol mundial. Tras la conquista brillante de las medallas de oro olímpicas en París 1924 y Ámsterdam 1928, el congreso de la FIFA celebrado en Barcelona designó a Uruguay como sede oficial de la primera Copa del Mundo. El torneo coincidió con la conmemoración del primer centenario de la Juramentación de la Constitución uruguaya. En plena Gran Depresión económica global tras el crack financiero de 1929, la participación europea atravesó inmensas dificultades: solo cuatro selecciones del Viejo Continente (Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia) aceptaron emprender el legendario viaje en el trasatlántico Conte Verde, surcando las aguas del Océano Atlántico durante más de dos semanas de travesía.
Un total de trece selecciones nacionales divididas en tres grupos compitieron en tres escenarios de la ciudad de Montevideo, destacando la edificación e inauguración del colosal Estadio Centenario, construido en un tiempo récord de tan solo 90 días a pesar de las constantes precipitaciones de lluvia. El primer gol en la historia de los Mundiales lo firmó el extremo francés Lucien Laurent el 13 de julio de 1930 con un certero remate frente a México en el Estadio Pocitos. En la fase de grupos, Argentina avanzó con autoridad impulsada por la voracidad del ariete Guillermo Stábile, mientras que Uruguay superó sin contratiempos a Perú y Rumania.
Las semifinales ofrecerían triunfos contundentes y categóricos: Argentina aplastó 6-1 a Estados Unidos con un despliegue ofensivo arrollador, mientras que la selección local de Uruguay despachó por idéntico marcador de 6-1 a Yugoslavia tras comenzar abajo en el marcador. La histórica y tensa final rioplatense se celebró el 30 de julio de 1930 en un Estadio Centenario colmado con más de 93.000 espectadores desbordantes de pasión popular.
La rivalidad entre ambas naciones era tan extrema que debieron utilizarse dos balones distintos durante la final: el primer tiempo se disputó con una pelota provista por el seleccionado argentino, adelantando a la Albiceleste 2-1 al descanso con tantos de Carlos Peucelle y Guillermo Stábile que enmudecieron al recinto local. Sin embargo, para la segunda mitad se introdujo el balón oficial uruguayo (más pesado y firme); la Celeste, capitaneada por el legendario mariscal José Nasazzi y liderada por la garra inquebrantable de Héctor 'El Manco' Castro (quien competía sin el antebrazo derecho producto de un accidente con una sierra hidráulica en su infancia), protagonizó una épica remontada. Con goles de Pedro Cea, Victoriano Santos Iriarte y el propio Héctor Castro en los minutos finales, Uruguay se impuso 4-2 para proclamarse como el primer campeón en la historia del fútbol mundial y recibir de manos de Jules Rimet el anhelado trofeo de la Victoria.